jueves, 31 de marzo de 2016

Diáspora filosófica española

Filósofos españoles contemporáneos que ocupan o han ocupado plazas permanentes de filosofía en universidades extranjeras (plaza actual o más reciente)


María Álvarez, Reader, King’s College London, Reino Unido

Esa Díaz León, Assistant Professor, University of Manitoba, Canadá

Jordi Fernández, Lecturer, University of Adelaide, Australia

Mario Gómez-Torrente, Investigador Titular, Instituto de Investigaciones Filosóficas, UNAM, Méjico

Stella González-Arnal, Senior Lecturer, University of Hull, Reino Unido

Cristina Lafont, Professor, Northwestern University, U.S.A.

Henar Lanza, Profesora de Planta, Universidad del Atlántico, Colombia

Genoveva Martí, Professor, Western University, Canadá

José Medina, Professor, Vanderbilt University, U.S.A.

Vicente Raga, Profesor de Planta, Universidad de Antioquía, Colombia

Sonia Roca, Senior Lecturer, University of Stirling, Reino Unido

Mauricio Suárez, University of Bristol, Reino Unido (hasta 2003)

Chon Tejedor, Senior Lecturer, University of Hertfordshire, Reino Unido

Pepa Toribio, Senior Lecturer, University of Edinburgh (hasta 2008)

Gabriel Uzquiano, Professor, University of Southern California, U.S.A.

José Zalabardo, Professor, University College London, Reino Unido

domingo, 3 de enero de 2016

Resumen del 2015


Últimamente vivo como en un banco de niebla, sin una idea clara de lo que pasó la semana pasada ni de lo que va a pasar la semana que viene. El día a día absorbe toda mi atención. No es que haya decidido hacer caso a los que nos recomiendan que vivamos en el presente. Es que no doy más de mí. Por esta razón hacer un resumen del año no me resulta nada fácil. Tengo que sentarme a pensar qué ha pasado. Pero quiero hacerlo, por curiosidad.

TRABAJO


Ha sido mi segundo año como director del departamento y he accedido a hacerlo dos años más, hasta Septiembre del 2018. La verdad es que está empezando a hacérseme un poco largo, pero las cosas van bien de momento y me alegro de poder poner mi granito de arena.

Todavía tengo algo de tiempo y energía para la filosofía. He dado por finalizados los proyectos a los que me he dedicado los últimos años, así que por primera vez en mucho tiempo empiezo algo más o menos de cero. He estado leyendo y pensando sobre el neo-pragmatismo, con ilusión. En marzo di la lección inaugural de mi cátedra, y aproveché para hablar de estos temas.



En julio se publicó mi libro sobre el Tractatus.


AFICIONES


Otra temporada exitosa con el Scallywag: once salidas, treinta días de navegación, 647 millas náuticas. En mayo fuimos a Calais y en Julio recorrimos la costa del condado de Suffolk, con su sucesión de puertos endiablados. A veces me parece un milagro encontrar la energía necesaria para mantener el barco y organizar las salidas, pero sé que si lo dejara me arrepentiría.


He conseguido seguir dibujando y pintando, aunque menos que en años anteriores. En el 2015 sólo he ido seis veces a dibujo del natural.

Life drawing, Bethnal Green

Todavía dibujo a pasajeros del metro de vez en cuando.

Picccadilly Line, London

He seguido haciendo retratos con acuarelas, aunque menos que antes.

Nadya Fartushnaya

Tambien pinto los pocos objetos que encuentro a mi alrededor con un poco de gracia y dignidad. Vivimos rodeados de cosas que no nos dicen nada.

Sandal 

Y he empezado a pintar escenas urbanas, basadas muchas de ellas en las fotografías de mi amigo Mike Martin.

Sightseeing

Sigo tocando el saxo con mi amiga Sabine aunque no encuentro mucho tiempo para practicar, y mucho menos para estudiar piezas nuevas.

VIAJES


En febrero Inma y yo fuimos a Sóller los dos solos. Habíamos estado allí en el 2004, cuando fuimos de tripulantes en un velero desde la península. Yo lo recordaba como un paraíso, y lo es. Un valle obscenamente fértil entre el mar y la Sierra de Tramuntana, que cuando fuimos estaba cubierta de nieve. Hicimos varias excursiones excelentes por la sierra. No puede haber muchos senderos más amenos que el del Barranco de Biniaraix. Alternamos con Toni Gomila y su familia. Empezamos a imaginarnos como vecinos suyos.

Barranco de Biniaraix

En mayo fui a Ciudad del Cabo por trabajo. No es parte de mi mundo ni lo será nunca, pero me encontré a gusto allí. La costa es espectacular. Conocí a buena gente. Comí pescado que aquí no existe.


En julio fuimos toda la familia a La Palma. Es un sitio remoto y somnoliento, con una variedad de paisajes inusitada, desde los desiertos volcánicos del suroeste hasta las junglas del noreste. Nos alojamos en unos apartamentos muy agradables en Los Llanos de Aridane. Hicimos excursiones a pie por toda la isla. Comimos mucho mejor de lo que me esperaba.

El Atlántico desde Teneguía

En agosto mi hijo, mi hermano, mi sobrino y yo recorrimos los primeros cien kilómetros de la senda que sigue los pirineos de mar a mar. Salimos desde Hondarribia y en cuatro etapas, más la etapa prólogo hasta Irún, llegamos al refugio de Sorogain. Fue una aventura real por paisajes inolvidables. Espero que podamos continuar este año.


En Septiembre fui a Ciudad de México a participar en un congreso y a la presentación de mi libro. Fue mi cuarta visita al Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM. La primera fue hace más de un cuarto de siglo. Los que me invitaron la primera vez ya se han jubilado. A mis principales anfitriones en esta ocasión, Miguel Ángel Fernández y Moisés Vaca, los conozco de cuando hicieron el doctorado en UCL, siendo yo ya profesor allí. Moisés me introdujo al mezcal. Con él y la encantadora Xóchitl pasé un día maravilloso en el Museo Nahuacalli, el Zócalo, Tlatelolco y la Biblioteca Vasconcelos, hablando de Silvio Rodríguez y Rocío Durcal, entre otras cosas. Mi hotel estaba en Coyoacán. Disfruté enormemente pasear por sus calles.

Aprendices de torero en los Viveros de Coyoacán

COSAS NUEVAS


Este año, por primera vez en mi vida, he empezado a correr. Antes me reía de los que lo hacían, pero ahora he picado yo. Seguí uno de esos programas que te llevan en ocho semanas de la nada a correr cinco kilómetros. Lo conseguí en junio y desde entonces he seguido corriendo con la regularidad que me permiten mis continuas lesiones de gemelos. Voy por las mañanas, en cuanto amanece, a Alexandra Park, tres veces por semana. Me encanta empezar así el día. He corrido 162 kilómetros en el 2015. Ésta es mi ruta habitual en invierno. En verano, cuando se seca el barro, hay más posibilidades.


Un documental en la televisión sobre la historia de la química y un libro sobre los pigmentos me despertaron el interés por los minerales, y he empezado a coleccionarlos. Al lado de la belleza de sus formas y colores sin función, arbitrarios, el mundo de los seres vivos parece una frivolidad pasajera.

Pirita de hierro de Navajún, La Rioja

En el verano empecé a leer la biblia. He leído una cuarta parte. Es una colección de textos misteriosa y fascinante. El Pentateuco nos habla desde un tiempo tan remoto que resulta difícil imaginarse a los seres humanos que lo escribieron. Los libros proféticos, que es donde estoy ahora, comunican una rabia estremecedora. Todavía no he leído nada que tenga  conexión aparente alguna con la doctrina cristiana actual. Espero acabar este año.

Inma y yo estamos pensando comprarnos una casa en España. Nunca hemos tenido una y nos atrae poseer un trozo del país. Hemos contemplado muchas opciones. Empezamos pensando en Sóller. Ahora estamos enfocándonos a la sierra de Madrid. Si todo va bien en el 2016 lo conseguiremos.

miércoles, 1 de abril de 2015

Con la boina calada

No soy de pueblo. Mis padres tampoco. Además llevo más de media vida fuera de España. Sin embargo, cuando veo esto, tengo la sensación inequívoca de reencontrarme con mi punto de partida.

 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Resumen del 2014

Trabajo


Desde el 1 de enero tengo el honor de ser el director del Departamento de Filosofía del University College London. Tengo que aclarar que, si bien es un honor, no es una muestra de mi valía: me ha tocado hacerlo a mí porque no había nadie más disponible. De todos modos creo que no lo estoy haciendo mal. El ambiente en el departamento es bueno, y eso es importante.

Todavía tengo tiempo para hacer filosofía. Nada espectacular, pero no mucho menos de lo que sería capaz de hacer en condiciones ideales.

Me he cambiado de despacho. He dejado el que heredé de Mike Martin hace catorce años en el sótano de 19 Gordon Square. Ahora estoy en el que ha dejado libre en el segundo piso Marcus Giaquinto al jubilarse. Es grande y acogedor.

La revista Teorema ha publicado un simposio de mi libro sobre el escepticismo, con comentarios de nueve filósofos y mis respuestas. Este privilegio se lo debo al director de Teorema, el filósofo Luis Valdés.

Oxford University Press va a publicar mi libro sobre el Tractatus de Wittgenstein. Saldrá el año que viene.

Familia


Mi hija Clara ha terminado el bachillerato (A-levels) con notas excelentes y ha empezado a estudiar veterinaria en Edimburgo. Le gusta la carrera y lo está pasando en grande.

Mi hija Alicia ha terminado la ESO (GCSEs) con muy buenas notas. Ha empezado el bachillerato en Woodhouse College. Está muy contenta y aplicada.

Mi hijo Damián ha terminado su primer año de instituto. Le va muy bien. Tiene muchos amigos y campa por sus respetos. Todavía toca el piano.

Estoy muy orgulloso de los tres.

Inma y yo seguimos juntos, después de 26 años.

Aficiones


Sigo yendo a las sesiones de dibujo del natural en Bethnal Green siempre que puedo. Sigo haciendo bocetos de gente en lugares públicos, y de lo que veo en los museos. He hecho muchos retratos con acuarelas. También pinto objetos con acuarelas. Los paisajes todavía se me resisten.

Sigo tocando el saxo con mi amiga Sabine todos los domingos que estamos los dos disponibles, aunque últimamente he encontrado menos tiempo para practicar.

Mi quinta temporada con el Scallywag. 754 millas náuticas; 35 días de navegación. Todo ha ido bien. En julio mi amigo Chris y yo hicimos un crucero por Normandía. Es lo más lejos que he ido con el Scallywag.


Sigo yendo a trabajar en bicicleta siempre que me siento con fuerzas. Sigo con la bicicleta de siempre pero me he comprado un candado Kryptonite, un sillín Brooks azul marino, un casco Bern blanco y una chaqueta Vulpine preciosa, que es la prenda de vestir más cara que he tenido nunca. Cualquiera diría que soy un hípster.

Vida social


Hice una fiesta en casa para celebrar que cumplía cincuenta años. Vinieron unas cincuenta personas, casi todas mis personas favoritas de mi entorno inmediato. Compré una paletilla ibérica, un chorizo ibérico, un queso manchego y cincuenta ostras del Blackwater, que además de ser el mejor criadero de ostras del mundo, es donde tengo mi barco. Estuve toda la noche abriendo ostras y cortando jamón, queso y chorizo para mis invitados. Lo pasé de maravilla.


En julio nos fuimos la familia de vacaciones a Kaş, en Turquía. Qué sitio más bonito y agradable. Gente amable y sin pretensiones y paisaje espectacular. Qué pena que el idioma turco sea tan difícil.


En Noviembre hicimos una reunión de reencuentro con mis compañeros de instituto en Zaragoza, a los que no veía desde hace treinta y dos años. Fue un evento maravilloso. Estuvimos comiendo, bebiendo, hablando y bailando hasta el amanecer. Antes de acostarnos desayunamos chocolate con churros.

Agenda cultural


He visto menos películas, comido en menos restaurantes e ido a menos conciertos que otros años. La mejor película que he visto es Boyhood, cené bien en The Green Man and French Horn, y me encantó escuchar a Timothy McAllister tocar el concierto para saxofón de John Adams en una de las Proms.

He ido a muchas exposiciones. Las mejores han sido la de los recortables de Matisse y, sobre todo, la de Anselm Kiefer.

Lo mejor que he leído este año, y en muchos, muchos años, son las tres primeras entregas de Mi lucha, de Karl Ove Knausgaard. Una narración conmovedora de las tribulaciones de un hombre de mi generación en un estilo único. Si no traducen el resto pronto voy a tener que aprender noruego.

Me he empezado a interesar por los paisajes a la acuarela de pintores ingleses del siglo XX. Me he comprado uno de Edward Wesson y uno de Trevor Chamberlain, y voy detras de uno de John Yardley. Edward Seago, el mejor, está fuera de mi presupuesto.

Asuntos varios


He descubierto los inhibidores de la bomba de protones. ¡Viva la ciencia!

Hace tiempo que quería tener una boina y mi hermano me compró una para mi cumpleaños, una Elósegui Superlujo. Ahora con el frío me la pongo bastante.

En Heathrow con boina

Propósitos y deseos para el año que viene


Terminar de escribir las cosas que tengo pendientes y empezar a pensar otra vez sobre el realismo y la verdad.

Aprender a pintar paisajes con acuarelas.

Recorrer con Damián el tramo vasco-navarro del GR11.

Un crucero con el Scallywag a algún sitio nuevo. Hasta Amsterdam, o al oeste de Normandía.

Empezar a aprenderme el Caprice en Forme de Valse de Bonneau, aunque es posible que sea más de lo que soy capaz.

Que mis hijos sigan prosperando.

Que Inma y yo todavía estemos juntos dentro de un año.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

En busca del tiempo perdido

Entre 1978 y 1982 hice el bachillerato en el INB Jerónimo Zurita, mixto nº 2 de Zaragoza. Aparte de un par de encuentros fortuitos, no había visto a ninguno de mis compañeros del Zurita desde el último día de clase, hace treinta y dos años. Estaban, por supuesto, en la memoria, pero la distancia en el tiempo y en el espacio había ido debilitando la impresión de que se trataba de personas reales, y de que los años que vivimos juntos ocurrieron de verdad. Habían pasado a ocupar en mi mente el mismo lugar que los personajes de novelas. Dicen que el cerebro no distingue bien entre lo real y lo imaginado.

Así se habrían quedado las cosas de no ser por un par de compañeras emprendedoras y competentes, que hace unos meses, con ayuda de las redes sociales, fueron localizando a gente de nuestra promoción, con la idea de organizar un encuentro para celebrar que cumplimos cincuenta años. Localizaron a unas setenta personas, de los noventa o así que debíamos de ser. Formaron un grupo de Whatsapp al que nos apuntamos casi todos. En este grupo, desde el principio, hubo una actividad febril, con conversaciones constantes y entrecruzadas y más de MIL mensajes por día, desde primera hora de la mañana hasta ya entrada la noche. Algunos nos recordábamos perfectamente. Otros nos fuimos identificando gracias a fotos y anécdotas. En los mensajes de algunos se reconocía inmediatamente el carácter que tenían hace treinta y dos años. El sentido del humor de una compañera genial estaba perfectamente destilado en un comentario inolvidable sobre un personaje de serie de televisión: “Esa entre el pelo y la voz tiene un bofetón”.

Y el sábado llegó el gran día. Habíamos reservado una parte de un restaurante-sala de baile de Zaragoza para cenar y luego bailar hasta la madrugada. Íbamos a ser unos sesenta y cinco. Cuando iba andando hacia el local no las tenía todas conmigo. Temía que después del frenesí digital, al vernos en persona nos decepcionáramos y no nos encontráramos a gusto. Pero este miedo resultó carecer de todo fundamento. Desde las ocho de la tarde, cuando llegué al restaurante, hasta las siete de la mañana siguiente, cuando después de desayunar chocolate con churros por fin me fui a dormir, viví una verdadera noche de ensueño, rodeado, sin acabar de creérmelo, de los protagonistas de mi adolescencia o, mejor dicho, de los hombres y mujeres de mediana edad en los que el tiempo, como por arte de magia, ha convertido a aquellos chicos y chicas. Unos hemos cambiado más que otros. En la mayoría de los casos lo que permitía una identificación infalible eran los gestos y ademanes, idénticos a los que recordaba.

Llevo desde el sábado intentando entender qué nos pasó, por qué este reencuentro lo he sentido yo, y creo que otros, con el carácter y la intensidad de una experiencia mística. Creo que ya lo tengo. Llamaba la atención que tanto en las conversaciones en línea como en las de esa noche apenas se hablaba de trabajos, parejas, exparejas, hijos, hipotecas, éxitos o fracasos. Todo eso parecía de repente una costra accidental que el tiempo había acumulado sobre lo que somos realmente: los adolescentes optimistas de hace treinta y tantos años, con un abanico de posibilidades aparentemente ilimitado frente a nosotros, sin haber tomado todavía ninguna de las decisiones irreversibles que nos han llevado a donde estamos ahora.

No se puede volver atrás, ni tampoco creo que quisiéramos. Muchos estamos satisfechos con dónde hemos ido a parar, conscientes de que las cosas podían haber sido mucho peores. Sin embargo desprendernos por una noche del sedimento de los años y volvernos a encontrar con esa parte enterrada de nuestro ser ha sido una experiencia maravillosa, irrepetible, algo que sólo te puede pasar una vez en la vida, como muchas de las cosas que nos pasaron juntos en el Zurita.

Seguro que hasta cierto punto esto les pasa a todos los cincuentones que se reencuentran con sus compañeros de instituto, pero creo que en este caso había un factor especial. El Zurita estaba lleno de buena gente. Lo eran entonces y claramente lo siguen siendo, el tipo de gente que mejora el mundo con su presencia.

Mención especial merecen las chicas del Zurita, ahora señoras. En su encarnación adolescente han sido todos estos años mi arquetipo particular de la belleza femenina. Espero que no les importe. El sábado comprobé que todavía da gusto verlas y bailar con ellas, aunque esto sea ahora lo menos importante para estas doctoras, abogadas, científicas, maestras, ingenieras, empresarias y madres extraordinarias.

Hemos vivido estos treinta y dos años atesorando los recuerdos de aquella época. Para lo que nos quede tenemos además los de la noche del sábado.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Intercambio artístico con las antípodas

Un foro de internet de pintores aficionados organiza cada año un intercambio de retratos. Si te apuntas te emparejan con otro artista para que os pintéis mutuamente, a partir de fotografías, claro está, pues el intercambio no tiene límites geográficos. Yo no frecuento este foro, pero vi un anuncio por casualidad y me apunté. Me tocó una pintora de Nueva Zelanda y ya nos hemos pintado. Yo le he hecho a ella uno de mis retratos a acuarela:


Ella me ha pintado a mí con acrílicos:


Yo pinté su retrato ayer. Pasé tres o cuatro horas examinando cada detalle del rostro de esta desconocida, que como resultado ya no lo es. Del retrato que me ha hecho ella me llama la atención un hecho curioso. Al posar para la foto que usó de modelo yo había hecho un esfuerzo consciente por aparentar desenfado. Sin embargo la pintora neozelandesa no se ha dejado engañar, y ha plasmado directamente la melancolía que yo pretendía ocultar. Creo que yo ya tampoco soy un desconocido para ella.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Cómo escribo



Un pastor intentando meter en un redil a una oveja que se quiere escapar. Esa es la imagen que me viene a la mente cuando intento escribir.

La mayor parte de mi actividad intelectual no va enfocada a un producto concreto. Pienso, sopeso cosas, las comparo con otras que he visto antes, como cuando examinas una escultura o un edificio desde distintos ángulos o manipulas un objeto que has cogido del suelo intentando averiguar qué es. Paso días enteros así, semanas enteras… A veces me parece que he progresado algo. Otras veces no. Y muchas veces me doy cuenta de que lo que antes me había parecido progreso en realidad no lo es. Pero toda esta actividad no produce ningún fruto tangible. De vez en cuando escribo, porque parece que me ayuda, pero cosas que nunca leeré. Si no pusiera tinta en la pluma sería lo mismo.

Sin embargo, tarde o temprano este vagabundeo por paisajes mentales tiene que cristalizarse en algo concreto: un artículo, o un libro. De vez en cuando tengo que escribir. No escribo porque crea haber obtenido resultados que quiero comunicar. Me pongo a escribir cuando intuyo que mis divagaciones me han llevado a un punto que me permitirá decir algo de interés. Pero cuando me pongo no sé lo que voy a decir. No sé lo que va a pasar. Esta transición me pone nervioso. Siento que mi identidad se desdobla en el pastor que quiere que se escriba y la oveja que se resiste. La resistencia consiste principalmente en actividades sustitutorias: esta semana, sin ir más lejos, me he comprado en internet, después de una búsqueda exhaustiva, una chaqueta y un caso de ir en bici, un poco mejores que los que ya tenía, y ahora, después de un largo silencio, he vuelto a escribir para el blog. A lo mejor no hay mal que por bien no venga. Y aquí estamos, pero al final, de momento, siempre ha ganado el pastor.

No sé trabajar de otro modo. Si pudiera suprimir o reducir la fase exploratoria sería mucho más productivo, pero me parece que entonces no tendría nada que decir. Suprimir la fase productiva sería complicado, por motivos laborales, pero creo que aunque pudiera no querría. Siento la necesidad de sacar algo en claro, de poder decir ‘ahí queda eso’, aunque lo que quede no sea gran cosa.