viernes, 16 de abril de 2010

Un concierto especial


Anoche fui a un concierto de la Philharmonia en el Royal Festival Hall. Tocaron una obertura de Rimsky-Korsakoff, el segundo concierto para piano de Shostakovich y La Consagración de la Primavera, dirigidos por Tugan Sokhiev.

En lo que va de año he ido a un par de buenos conciertos que no he mencionado aquí. En Febrero vi en el Barbican a la London Symphony Orchestra, dirigida por Valery Gergiev, tocando la Música para Cuerdas, Percusión y Celesta de Bartók, y el segundo concierto para trompa y Ein Heldenleben, de Strauss. En Marzo vi en el Royal Festival Hall a la Philharmonia, dirigida por Fabio Luisi, sustituyendo a Christoph von Dohnányi, que estaba enfermo, tocando una cosa de Mozart y la novena sinfonía de Schubert.

Tres conciertos excelentes, a cual mejor. Sin embargo el de anoche era especial porque a los otros dos fui solo, como de costumbre, pero anoche me acompañó, por primera vez, mi hija mayor. Hemos estados los dos solos en Londres las dos últimas semanas, con el resto de la familia en Madrid, yo intentando trabajar, y ella entregada a sus caballos. Ha sido una situación inesperada, pues ella tenía planeadas unas vacaciones con la familia de una amiga que se cancelaron en el último momento.

He tardado en reaccionar a este cambio de planes. Me he dado cuenta tarde de que podía aprovechar para hacer cosas con ella que no podemos hacer todos juntos, y cuando por fin he empezado a intentarlo mis planes mal urdidos se han encontrado con su natural desinterés. Al final, un poco por compasión, accedió a venir conmigo al concierto, para el que yo tenía una entrada desde hacía tiempo.

Creo que le gustó. A mí desde luego me encantó. La Consagración de la Primavera es una obra extraordinaria. Anoche escuchándola no dejaba de preguntarme cómo se le ocurriría a Stravinsky que se podían hacer cosas así con una orquesta. Mi hija no mostró más entusiasmo del estrictamente requerido por la buena educación, pero cuando volvimos se encerró en su cuarto para mandar mensajes de texto a sus amigos y al rato sacó la cabeza un momento para preguntarme cómo se llamaba la obra esa de la primavera.

Empiezo a sentir que se me acaba el tiempo para introducirla a las cosas que valoro, pues como es natural cada vez me presta menos atención. De momento puedo decir que yo la he llevado a oír por primera vez en su vida La Consagración de la Primavera. A lo mejor un día se acuerda.

1 comentario:

La maldición del Golden Tulip dijo...

Claro que se acordará. Pero invítala más a menudo, aunque corras el riesgo de que se le olvide...